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Todo lo que necesitas saber sobre «Últimos días en La Habana»: vivir, soñar y morir hoy en Cuba2017
07
Abr

Todo lo que necesitas saber sobre «Últimos días en La Habana»: vivir, soñar y morir hoy en Cuba

La película más premiada del Festival de Málaga, Últimos días en La Habana, se estrena en España. Una película que supone una mirada a la vida en Cuba en la época inmediatamente posterior a Fidel Castro, esperanzada por una apertura que no termina de llegar, en la que siguen conviviendo la homofobia y el sueño americano.

Por Luis M. Álvarez


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Tras su paso por la sección oficial del Festival de La Habana y su estruendoso recibimiento en el Festival de Málaga, de donde se va con el premio del público, el premio a la mejor actriz secundaria, para Gabriela Ramos, la Biznaga de Oro a la mejor película iberoamericana y el premio Miguel de Molina, Wanda Visión estrena hoy, 9 de abril, Últimos días en La Habana en España, una coproducción entre ICAIC con Wanda Visión con la participación de Ibermedia. «Una película sobre el tema de la amistad en una ciudad que avizora grandes cambios», según su propio director, Fernando Pérez.



Crónica de la vida en la Cuba posterior a Fidel Castro en el momento en que parece experimentar una apertura en la que viven Miguel y Diego estos Últimos días en La Habana. Mientras el primero sueña con un visado para viajar a Nueva York, que nunca llega, el segundo sueña simplemente con vivir, postrado e inmóvil en una cama por causa del sida. Mientras el primero el asexual, negativo y proyectando su vida hacia el interior, el segundo es homosexual, positivo y desesperadamente agarrado a cualquier cosa que le exponga hacia el exterior. Como si fueran el día y la noche, héroe y antihéroe, ambos están unidos por un amistad llena de contradicciones, pero indestructible, sostenida por un pasado común que sólo ellos conocen.



Tres veces nominado al premio Goya a la mejor película iberoamericana por títulos como Hello Heminguway (1990, Cuba) o Suite Habana (2003, Cuba), lo consigue en la edición del año 2000 por La vida es silbar (1998, Cuba & España), Fernando Pérez ofrece un retrato sin tapujos de la realidad cubana hoy en día en la que sigue conviviendo la homofobia con el sueño americano, que parece reflejarse, casi inevitablemente, en Fresa y chocolate (Tomás Gutiérrez Alea & Juan Carlos Tabío, 1993, Cuba, México, España & EE.UU.), que a su vez supone para el propio Pérez, una manera de volver «a ese espacio de Suite Habana que yo filmé en el año 2003 como documental, pero hacerlo en ficción, 15 años después, en una realidad de sobreviviencia que yo creo que se ha endurecido mucho más (…). Siento que las consideraciones éticas, morales, se relativizan. Los valores empiezan a tener otro carácter. De eso va la película».



La idea del relato surge de un guionista no profesional, Abel Rodríguez, trabajador de un banco, que es quien contacta con el cineasta hasta que juntos consiguen llegar a la película. «M e buscó para presentarme una historia. Me gustó muchísimo la manera como desarrolló los diálogos y la caracterización de los personajes, pero ésa primera historia no me motivó mucho. Después me trajo otras propuestas de la que salió la historia de Diego y Miguel. Lo que más me motivó fue justamente la unión y diferencia de los dos personajes protagónicos», explica Pérez.



Para encontrar el espacio en el que finalmente se desarrolla la película, su equipo recorrió entre 15 y 20 solares en los que el cineasta descubre «una parte de nuestra realidad muy significativa, y que generalmente no está en los medios, por eso yo hago cine también, para poder expresar esta mirada (...)., a quien lo que más le llama la atención es que «los personajes que están Últimos días en La Habana se repetían en cada uno de esos espacios. Y allí convivían el jinetero, el gay, el médico de la familia, un informático que no tenía los equipos que debería tener, el traficante de bolsa negra, y todos ellos convivían respetándose ».



A pesar de que la trayectoria cinematográfica de Pérez le ha demostrado su capacidad para conectar con el público internacional, premiando a su cine en Oslo, Berlín, Sundance, Rotterdam o San Sebastián, el cineasta cubano no considera inicialmente que su película pueda ser entendida fuera de Cuba, hasta su primera proyección en el Festival de La Habana, donde comprueba que hablar de lo más concreto y personal siempre se convierte en lo más universal, y que su película es capaz de conectar con sensibilidades de otras culturas, estableciendo además muy buena conexión con el colectivo LGBT.



«Últimos días en La Habana trata de reflejar una parte de nuestra realidad que considero la más representativa porque es la más popular. Es un contexto que también es el menos representado en los medios masivos tanto en Cuba como fuera de Cuba. Son condiciones de sobrevivencia que demuestran la necesidad de una mejoría económica en nuestro país, a lo cual contribuiría una mejor relación con Estados Unidos que pudiera conducir al levantamiento embargo. Las perspectivas con Trump no indican, hasta el momento, una mejoría», declara Pérez en una entrevista.


Cartel de «Últimos días en La Habana» - Foto: Uso permitido



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