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Adiós a Jonathan Demme, director de «Ricki», «Philadelphia» y «El silencio de los corderos»2017
28
Abr

Adiós a Jonathan Demme, director de «Ricki», «Philadelphia» y «El silencio de los corderos»

El director de películas como «Ricki», «Philadelphia» y «El silencio de los corderos», fallece el pasado miércoles, dejando una ecléctica filmografía en la que tuvo sitio para retratar desde puntos de vista tan diferentes como controvertidos al colectivo LGBT.

Por Luis M. Álvarez


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Tal y como había vivido, en silencio, como los corderos de Clarise, fallecía el miércoles, 25 de abril, Jonathan Demme, a causa de un cáncer de esófago que le habían diagnosticado en 2015, según confirmaba su publicista, Leslee Dart. Ganador del Oscar a la mejor dirección por El silencio de los corderos (The silence of the lambs, Jonathan Demme, 1991, EE.UU.), en su filmografía podemos encontrar títulos de culto como La cárcel caliente (Caged Heat, Jonathan Demme, 1974, EE.UU.) o Stop making sense (Jonathan Demme, 1984, EE.UU.), grabación de un mítico concierto de Talking Heads, lo que quizá explique que de vez en cuando se permitiera dirigir algún vídeo musical, como el del tema I got you babe para UB40, The perfect kiss para New Order, o Murder Incorporated y Street of Philadelphia para Bruce Springsteen, tema este último compuesto para la banda sonora de Philadelphia (Jonathan Demme, 1993, EE.UU.).





Artesano, quizás, más que autor, Demme comienza su trayectoria cinematográfica en el seno de la factoría de Roger Corman, después de trabajar como publicista. El hecho de que sus películas no hayan sido habituales del circuito de festivales, no le ha impedido gozar habitualmente tanto de la bendición de la crítica como del beneplácito del público. Si bien ha sabido adaptarse a diversos formatos como el documental o la televisión, dirigiendo el episodio piloto de En cuerpo y alma (A gifted man, Susannah Grant, 2011-2012, EE.UU.) o dos episodios de Iluminada (Enlightened, Laura Dern & Mike White, EE.UU.); también ha sabido sacar partido de remakes como La verdad sobre Charlie (The truth about Charlie, Jonathan Demme, 2002, Alemania & EE.UU.) o El mensajero del miedo (The Manchurian candidate, Jonathan Demme, 2004, EE.UU.), además de revisar géneros clásicos como el thriller en El eslabón del Niágara (Last embrace, Jonathan Demme, 1979, EE.UU.) o la screwball comedy en Algo salvaje (Something wilde, Jonathan Demme, 1986, EE.UU.), que cuneta con un cameo de John Waters. Aunque quizás sus títulos más recordados sean, precisamente, los que le relacionan con la comunidad LGBT, para bien o para mal.





¿Acusado de homofóbico en El silencio de los corderos?

El silencio de los corderos era la película que tenías que ver en otoño de 1991, antes incluso de ser nominada a los premios Oscar, donde consigue coronarse com la primera película de terror en conseguir el premio a la mejor película, además de colocarse junto a Sucedió una noche (It happened one night, Frank Capra, 1934, EE.UU.) y Alguien voló sobre el nido del cuco (One flew over the cockoo's nest, Milos Forman, 1975, EE.UU.), como la tercera en conseguir los 5 premios considerados principales: película, director, guion (Ted Tally), actor (Anthony Hopkins) y actriz protagonista (Jodie Foster), a pesar de las protestas de activistas que se presentaron ante la alfombra roja de la gala de los premios de la Academia al considerar la película homofóbica por el personaje de James Gumb, conocido como Buffalo Bill e interpretado por Ted Levine.



Lo cierto es que en la película, queda perfectamente claro que James Gumb es un perturbado, peor no porque sea transexual, sino porque es un sociópata, inspirado, por cierto, en tres conocidos asesinos en serie estadounidenses: Gary Heidnick, Ted Bundy y Ed Gein, de los que coge diferentes aspectos de cada uno, luego quejarse por la imagen que se ofrece de un transexual por el personaje de James Gumb es como si un heterosexual se quejara de la imagen que de Norman Bates se ofrece en Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960, EE.UU.) o de Leatherface en La matanza de Texas ( The Texas Chain Saw Massacre, Tobe Hooper, 1974, EE.UU. ), ambas inspiradas igualmente en el sórdido periplo de Ed Gein.

¿Acusado de poco homosexual en «Philadelphia»?

En un efecto similar al de David W. Grifiith, que después de ser acusado de racista por El nacimiento de una nación (The birth of a nation, D.W. Griffith, EE.UU.), rueda Intolerancia (Intolerance, D.W. Griffith, EE.UU.) para contestar a sus críticos intolerantes, Tras El silencio de los corderos Demme decide rodar una película como Philadelphia, considerada en su época como la primera película de la industria de Hollywood que habla abiertamente del sida. Protagonizada por Tom Hanks, Denzel Washington y Antonio Banderas, la película surge de la necesidad del propio cineasta de abordar el tema al tener varios amigos que habían sido afectados por la enfermedad. La película detalla un proceso judicial ante la discriminación que sufre un abogado cuando le despiden al descubrir que tiene sida. Irónicamente, el propio Demme tiene que luchar contra esa misma discriminación para poder contar con Ron Vawter, con quien ya había contado en El silencio de los corderos, pero que estaba enfermo de sida en aquel momento, lo que supone un problema para la productora, que no quiere contratar con él por el riesgo que supone para la compañía de seguros. Vawter rodaría sus secuencias finalmente, falleciendo once años después, pero no de sida, sino a causa de un ataque al corazón cuando viaja en un avión, mientras duerme.



Dada la dificultad para muchos espectadores en distinguir cine independiente rodado en inglés del cine hecho en Hollywood, pocos apreciaron el esfuerzo de la película para hacer llegar su mensaje al gran público, prefiriendo algunos criticar la levedad con la que se muestra la orientación sexual del protagonista en la película, a pesar de que queda perfectamente clara, al contrario que algunas películas contemporáneas como La Bella y la Bestia, que presume de ser la primera película de Disney con un personaje abiertamente homosexual, cuando sólo se deja intuir, o Power Rangers, que presume de lo mismo con respecto al cine de superhéroes, cuando la reivindicación se limita a una única secuencia en la que simplemente se menciona indirectamente la orientación sexual del personaje.

La homofobia asimilada en «Ricki and the Flash»

La que ha quedado como la última película de ficción dirigida por Jonathan Demme es Ricki and the Flash (Ricki, Jonathan Demme, 2015, EE.UU.), protagonizada por Meryl Streep en el papel de una guitarrista que lo abandona todo para alcanzar su sueño de convertirse en estrella de rock, pero que debe enfrentarse a la familia cuando su marido le pide que vuelva ante el divorcio de una de sus hijas. Partiendo de un guion de Diablo Cody, la película supone una crítica a la postal familiar que nos vende el American way of life, que en este caso incluye a un hijo homosexual convenientemente adaptado a las normas establecidas para medrar socialmente. Una película pequeña, pero que el tiempo se encargará de poner en su lugar.



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