"Nacidas para sufrir"

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"Nacidas para sufrir"10022010 "Nacidas para sufrir" Por Ariel Alan La película de Miguel Albaladejo se estrena el próximo 12 de febrero en España. La cinta retrata la historia de Flora, de 72 años, una solterona de un pequeño pueblo que siempre se ha consagrado al cuidado de sus familiares más ancianos.


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"Nacidas para sufrir", la película de Miguel Albaladejo, se estrena el próximo 12 de febrero en España. La cinta retrata la historia de Flora, de 72 años, una solterona de un pequeño pueblo que siempre se ha consagrado al cuidado de sus familiares más ancianos. El elenco del film lo integran Adriana Ozores, Petra Martínez, María Alfonsa Rosso, Malena Alterio, María Elena Flores y Marta Fernández-Muro, entre otros.

La Tía Flora es una mujer de 70 años que siempre ha tenido que cuidar de los demás. Nunca se casó porque en realidad nunca estuvo muy interesada en los hombres, pero eso hizo que todos los familiares que iban necesitando los cuidados de otra persona siempre acabaran recurriendo a ella.

Primero fueron sus padres, luego falleció su única hermana, así que la Tía Flora se encontró sola, soltera, cincuentona y con tres sobrinas de entre 15 y 8 años a las que cuidar y por ultimo cuando ya las chicas se habían hecho mayores y se habían ido del pueblo, también le tocó cuidar de su Tía Virtudes, soltera como ella y muy longeva..

Por su parte, las tres sobrinas colaboraron de la forma que encontraron más sensata: buscando a otra mujer que ayudara a Flora y pagándole para que viviera con ella y con la anciana. Esta mujer es Purita, una auténtica santa: trabajadora, sumisa, callada, obediente... casi como una esclava.

La historia empieza realmente cuando la Tía Virtudes acaba de morir a los 102 años y Flora empieza a temer que sus sobrinas quieran despedir a Purita o llegar a un acuerdo que no exija que esté permanentemente con ella como hasta ese momento. A la Tía Virtudes le da mucho miedo perder a Purita de cualquiera de las maneras posibles, ya sea porque le salga un trabajo mejor o (mucho peor aún, esto le da auténtico pánico) porque un solterón o un viudo del pueblo la líe y le proponga matrimonio.

Así que, con una lógica un poco delirante, decide adelantarse a esas hipotéticas posibilidades que tanto la angustian y es ella la que le propone matrimonio a Purita aprovechando la nueva ley que permite esas uniones.

Sorprendentemente, Purita reacciona ante la propuesta conmoviéndose hasta las lágrimas. Su autoestima está tan baja que cualquier oferta de compromiso afectivo, aunque sea rara, le hace sentirse como un perrito apaleado al que por fin le ponen delante un platito de leche y le hacen una caricia. Así que acepta, su justificación consiste en que lo hace en agradecimiento a Flora, por lo buena que ha sido con ella todos estos años, para que la mujer pueda estar tranquila.

Así que deciden casarse y se casan, ajenas al revuelo que provoca su decisión en el pueblo y en la familia de Flora. De la de Purita no sabemos nada... de momento.

Finalmente la boda de las dos mujeres ni siquiera provoca un gran terremoto en su entorno. Después del impacto inicial, de las bromas, los comentarios y las discusiones, todo vuelve a su cauce y la gente se da cuenta de que en el fondo siguen haciendo la misma vida que cuando cuidaban de la anciana Virtudes, sólo que ahora hay un contrato diferente entre ellas.

Incluso las sobrinas, tras la primera conmoción, acaban aceptando que tampoco les viene tan mal el arreglo. Así se pueden desentender aún más de su tía.

O sea, que todo acaba discurriendo con normalidad, incluso con rutina. Tanta, que en la relación de Flora y Purita empiezan a aflorar las típicas cosas que desgastan cualquier matrimonio: las manías, los aburrimientos, la desilusión...

Pero pronto ocurre algo inesperado, entra en juego, la madre de Purita, una mujer de casi 80 años que hasta ese momento ha estado al cuidado de sus hijos, tres hombres de campo mayores que Purita.

Desbordados y hartos de cuidar a su madre, al enterarse de que Purita sigue viva, acaban plantándose en el pueblo y le dicen que ahora le toca a ella.

Lo gracioso del caso es que, a primera vista, la madre de Purita simplemente parece una anciana enferma y desvalida. Lleva un tiempo descubrir que bajo esa apariencia se esconde una mujer ladina, intrusiva, absorbente, el ejemplo supremo de una actitud pasiva/agresiva... y todo ello intensamente destilado por su avanzada edad y aumentado por lo real de su necesidad de cuidados.

Y así es como Purita, que no sabe decir que no, se encuentra viviendo de nuevo con su tan temida madre... y en casa de su mujer.

Y como Flora, que tanto miedo le tenía a no tener quien la cuidara en su vejez, se encuentra teniendo que repartir más de la mitad de esos cuidados con otra vieja mucho más manipuladora aún que ella y que, además, es su suegra.

El conflicto no ha hecho más que empezar.


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La escena que habéis seleccionado está muy chula. Mañana voy a verla a ver que tal, (aunque parece que habéis contado toda la historia, ya os vale).
Por daniel_m. - 13/02/2010 21:31

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